El baile por sevillanas: del corral de vecinos al mundo

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Muchas han sido las investigaciones acerca de la procedencia identitaria del baile popular andaluz, pero será la tradición oral y la buena lógica investigadora las que han permitido sacar conclusiones que podrían encajar la realidad de unos hechos que sitúan en el Bajo Guadalquivir los torrentes que poco a poco han ido engrosando el arroyo original de las sevillanas, como fruto de las distintas corrientes floklóricas que llegaron a nuestra tierra e impregnan el mundo de alegría de vivir.

1.jpgYa en época prehistórica, queda acreditada la actitud andaluza por la danza, pudiendo partir de un punto lejano en el tiempo pero cercano en la interpretación: en la cueva de Ahumada o de las Mujeres en Cádiz, se puede observar la representación de un baile compuesto por figuras masculinas y femeninas que danzan alrededor de un símbolo de la fecundidad. 

Si Cervantes llegó a afirmar en su obra La Gran Sultana, que “no hay mujer española que no salga del vientre de su madre bailaora”, no lo es menos que Andalucía destaca fecunda en la práctica de gráciles movimientos que manifiestan, a través del arte de la expresión corporal, una vitalidad y una alegría de vivir que llega al alma. Pero mucho antes, el griego Estrabón ya nos habló de su admiración por los bailes de los pueblos tartésicos, y después Roma quedó prendada de las “puellae gaditanae”, las jóvenes bailarinas de la Bética que embarcaban desde Cádiz. Seductoras en su movimiento de caderas, ondulado cuerpo y posturas libres y exitantes, así mencionadas por Petronio en su Satyricon. Y no digamos de los atardeceres en Sevilla en época almohade, cuando las mujeres se reunían para bailar al son del pandero.

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En las Crónicas del rey Alfonso se hace referencia a que “a su entrada en Sevilla, fue recibido por parejas de hombres y mujeres que danzaban al compás de instrumentos de procedencia andalusí”, expresiones populares que serían prohibidas por considerarse de tipo pecaminoso. Este hecho fue lo que produjo la práctica casi secreta, pero aceptada por las cortesanas del baile de la zarabanda, llegando a formar parte de las fiestas reales de Felipe III.

Ya en el siglo XVII, tanto el Canónigo Salazar como Francisco Fernández de Córdoba, coinciden en describir la zarabanda como el resucitado y renovado de los infiernos de los primitivos bailes de las bailarinas gaditanas. No había muerto, pues, la expresión corporal identitaria de Andalucía, seguía como sus ancestros, movimientos lascivos, ondulaciones de brazos, sonar de crótalos o castañuelas (que aquí son palillos), caderas en insinuación, pasión morisca, villanía según unos y sensualidad según todos, libertad de movimietos, rebelión contra la norma establecida. Y será con la unión del temperamento gitano, las dulces formas de las Indias, el sabor oriental de Al Andalus, ademanes y posturas de un pueblo danzante por naturaleza, de donde nacería la popular y original zarabanda como genuino baile popular andaluz.

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Serán las sevillanas actuales y las de siempre, las auténticas herederas de aquellos movimientos de brazos, suaves pasos y quebradas cinturas, en un no sé qué de garbo rescatado y mantenido en pícara insinuación y libre descompostura.

Pero no serán sevillanas, con este nombre, hasta la mitad del siglo XIX, aunque se bailaran desde mucho antes inundando España como boleras. Porque fueron en su principio las seguidillas venidas de Castilla que adquirieron en Sevilla tal personalidad que será su calidad o condición de sevillana la que se impondrá a los universos de este género popular, siendo Sevilla el taller donde se funden, recomponen y modifican los bailes antiguos para resultar el actual crisol vestido a la andaluza.

Y es que la mejor y más rica expresión de Andalucía ha estado y estará en su cuerpo cuando danza, porque tiene alma de bailaora. En Andalucía todo se comunica a través del gesto. La gesticulación brota fluida y fácil porque Andalucía habla con palabras pero éstas son enriquecidas con el gesto. Las andaluzas y los andaluces somos tan extrovertidos, tan comunicativos que simultáneamente utilizamos dos lenguajes: cuando las palabras no llegan a traslucir la más íntima emoción, bailamos, nos expresamos bailando.
 
En Andalucía el baile exalta el trance de su espíritu cuando se encuentra anegado de pasiones de amor; de amor a todo lo que en ese momento nos rodea; de amor tan grande que se desborda por el cuerpo convirtiéndose en danza. Por eso en Andalucía hasta para conectar con la divinidad también se baila en romerías y fiestas patronales. No se puede saborear Andalucía si no se conocen sus bailes. No se puede entender Andalucía si no nos metemos en ella bailando. No se pueden sentir los motivos que incitan a su baile si no los compartimos. No traduciremos bien lo que se nos dice, si no sabemos descifrar cada movimiento. Porque el gran lenguaje andaluz es el baile, y de entre todos, las sevillanas.
 
El baile por sevillanas es un arte-baile o viceversa, que para recrearlo hay que volver a realizarlo; quienes lo bailan no pueden, como el escultor o el pintor, satisfacerse contemplando su obra concluida. El baile por sevillanas no se puede contemplar porque nunca concluye, tiene que volverse a sentir realizándolo de nuevo, porque cada movimiento, estado o intención tiene sentidos diferentes en cada momento.

Ella y él se buscan, juegan como pareja, se esquivan o rechazan, se adornan, se insinúan, se guiñan con los ojos y con los hombros, se gustan, cortejo puro, galanteo … brazos expresivos, recato, un poco de pimienta y sal; lenta, huidiza y flexible la cintura, …la pasión ha sido liberada y al final vence el acuerdo. Fisonomía andaluza de un espíritu inmarchitable puestos en escena de paseíllos, pasadas, vueltas, careos, provocativos desplantes y remate.

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Sin duda es la mujer la que muestra mayor gracia y riqueza en los movimientos. El hombre mantiene más gravedad y prestancia y, al contrario que la mujer, sus brazos se moverán con más mesura. Y aquí es donde hay que reprochar la poca gracia y falta de originalidad de los que confunden el ceda el paso con un hortera muletazo, pues quien simule movimientos taurómacos ante la mujer, como bien dijo el maestro Enrique el Cojo “¡que toree a su padre”.

"Sevillanas...

Conjuro que alegra el alma. Danza, mujer y copla son sevillanas. Sabido es ya que Sevilla está llena de sol y sal."

Manuel Machado   

"Los brazos abre y levanta,

los pies esconde y asoma, yergueel busto, quiebra el talle, salta grita, vuela y posa."

HH. Álvarez Quintero  

"Al cielo van tus brazos cuando tu bailas,

y desde el cielo al suelo por flores bajan. Y quien te mira, entre el cielo y el suelo tiembla y suspira."

Braceo de HH.Álvarez Quintero 

Estamos ante el baile más representativo de Andalucía que inunda de sensualidad y vigor toda esta tierra, hasta que la corta primavera del color acabe en su propio zenit andaluz del calor. Y lo mismo da expresarlo en ferias que en patios, en fiestas familiares o Cruces de Mayo, en corrales de Utrera o bajo los pinos de Doñana.
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Baile democrático por excelencia. Lo conoce y lo baila el pobre y el rico, la nieta y la abuela, el hombre y la mujer, el culto y el ignorante, el campesino y el burócrata. Todos se unen en un sentir común para ser, por unos momentos, hijos de la misma tierra e inconscientemente rememorar, por medio del movimiento, símbolos y ritos ancestrales. Mundo contagiado de un lenguaje universal, desde Tokio a Nueva York en discotecas, fiestas sociales, de protocolo y cientos, miles, de academias para enseñar, al menos los pasos que nunca el lenguaje, a quienes desean por unos monentos algo de alegría bailable, que no es lo mismo que un baile alegre. Mundo a los pies de un pueblo que marca el ritmo de cómo hay que ser felices.

Si “María la morena puso un potaje y le salieron duros...” y “el clavel que me diste lo tiré a un pozo...”, “¿para que quiero llorar si no tengo quien me oiga?”. Ya sabemos que “se amaron dos caballos, mire usted que maravilla...”, pero “ya no se ven cigarreras por la calle San Fernando”, porque “algo se muere en el alma cuando un amigo se va...”. Mientras “el embarque de ganao levanta una polvarea...”, “que bonito es el Rocío por la mañana cuando los tamboriles tocan diana” pero “¿quién me habrá quitao la manta que anoche dormí en el suelo?”. Y cuando “llora la margarita por ser romero”, también “lloran los pinos del coto despidiendo las carretas”, y siempre la alegría vuelve al patio, a la cruz de Mayo, a las ferias, desde “pastillas de jabón a real” porque “yo tengo unos palillos con cintas colorás, que son de granadillo, riá-riá-pitá” y “me casé con un enano, salerito, pa jartarme de reir” y "si me enamoro algún día me desamoraré, para tener la alegría de enamorarme otra vez".

Se podrá expresar el estado de ánimo, la broma o el rezo, según se opte por las corraleras de Lebrija, rocieras de Gines o Triana, bíblicas de Alosno, boleras (ahora de academias) o de amores a porfía o simplemente para escuchar o marcar lentamente acompañadas al piano por Manuel Pareja Obregón, alrededor de un lebrillo de papas aliñás en memoria de El Pali o de una candela en una pará del camino. Pero para ese viaje no hacen falta más alforja que unas sevillanas donde te coja, porque es un lenguaje y una expresión del cuerpo que "tor mundo entiende".